Sep 06

Base Naval de Guantánamo: Intrusa permanente

Tras el triunfo de la Revolución las autoridades yanquis del enclave perpetraron actos de provocación, golpizas a obreros cubanos y asesinatos a trabajadores y guardafronteras

Entrada a la Base Naval de Guantánamo. Desde 1994 los niveles de tensión en el perímetro han disminuido. (Foto: Autor sin identificar)

Entrada a la Base Naval de Guantánamo. Desde 1994 los niveles de tensión en el perímetro han disminuido. (Foto: Autor sin identificar)

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA

Fotos: Archivo de BOHEMIA

Eran las 7:10 p.m. del 21 de mayo de 1966. Dos miembros de la Brigada de la Frontera, que custodiaban los límites de la ilegal Base Naval de Guantánamo, compartían la casamata 65 con el soldado Luis Ramírez López, a quien cariñosamente llamaban Papá. Entonces en esa fuerza la edad de los combatientes oscilaba entre los 17 y 20 años, y como Luis ya andaba por los 22 y tenía un modo un poco paternal de conducirse con los más jóvenes, se había ganado el fraternal apodo.

Papá relataba cómo unos meses atrás la irresponsabilidad de otro combatiente le había costado la vida. Al terminar la anécdota, hizo un giro hacia sus interlocutores, como para alcanzar algo. Sus compañeros le vieron mover ligeramente las piernas. Hizo una mueca como si tratara de hablar y se desplomó. El proyectil asesino, disparado desde la base naval yanqui, había penetrado por la aspillera de la casamata para alojársele debajo del cuello. Luis Ramírez López murió al instante.

Se hicieron usuales las ofensas de palabras de los marines, incluyendo groseros insultos contra Fidel y Raúl; los lanzamientos de piedras, petardos y botellas incendiarias contra las postas cubanas. (Foto: Autor sin identificar)

Se hicieron usuales las ofensas de palabras de los marines, incluyendo groseros insultos contra Fidel y Raúl; los lanzamientos de piedras, petardos y botellas incendiarias contra las postas cubanas. (Foto: Autor sin identificar)

En el colmo del cinismo, el departamento de Defensa de los Estados Unidos declaró a la agencia de prensa UPI que un soldado cubano armado “había penetrado en el perímetro que delimita la Base Naval de Guantánamo. Un disparo de advertencia, realizado por un infante de marina estadounidense, fue ignorado por el cubano”.

“Cuando el infiltrado ignoró el disparo de advertencia, fue disparado un segundo tiro, que hirió al cubano”, continuaba en su mendaz relato el ministerio yanqui. “El intruso logró saltar la cerca y abandonar la zona de la Base Naval”.

Treinta periodistas de 16 países constataron en el lugar de los hechos la falsedad de la versión de Washington. Pudieron comprobar la existencia de una cerca triple de 15 a 18 pelos de alambre de púas y otra de tipo “peerles” de dos metros de alto. Para brincarla no solo era necesario un buen esfuerzo sino también picar los alambres.

El 19 de julio de 1964 cayó mortalmente herido otro combatiente, Ramón López Peña. (Foto: Autor sin identificar)

El 19 de julio de 1964 cayó mortalmente herido otro combatiente, Ramón López Peña. (Foto: Autor sin identificar)

“¿Cómo era posible que Ramírez López, a quien el disparo le hizo estallar el vórtice del pulmón izquierdo y le provocó la ruptura del cayado aórtico al mismo tiempo, capaz de producirle la muerte instantánea, pudiera escalar la cerca peerles de dos metros de alto y después saltar tres alambradas?”, alegaban las autoridades cubanas.

“¿Cómo pudo invadir el guardafrontera el perímetro de la base si esta se encontraba rodeada de una franja minada que impide acercarse a ella sin ser volado?”, preguntaron a los periodistas.

Un puñal clavado

En cumplimiento de la Enmienda Platt, impuesta en 1901 al pueblo cubano por la ocupación militar estadounidense, se firmó dos años después un convenio entre Washington y el gobierno de turno en la Isla mediante el cual Cuba arrendaba al codicioso vecino norteño “por el tiempo que lo necesitasen”, terrenos en la bahía de Guantánamo y Bahía Honda, aunque se reconocía “la soberanía definitiva de la república de Cuba sobre las extensiones de tierra antes descritas”.

Poco menos de un lustro más tarde Estados Unidos renunció a sus prerrogativas sobre el puerto pinareño a cambio de ampliar el área de su base naval en Guantánamo. Desde entonces, como expresara Fidel en una ocasión, el enclave militar yanqui “es un puñal clavado en el corazón de la tierra cubana… Base que no le vamos a quitar por la fuerza, pero pedazo de tierra al que no vamos a renunciar jamás”.

A Luis Ramírez López le apodaban cariñosamente Papá.

A Luis Ramírez López le apodaban cariñosamente Papá. (Foto: Autor sin identificar)

Lo del “puñal clavado” nos es una hipérbole del líder de la Revolución. En 57 años de neocolonia, cuando proliferaron los gobiernos plegados a Washington, la base devino trampolín para la injerencia más desvergonzada. En 1912 durante la sublevación de los Independientes de color, 250 marines yanquis desembarcaron en Daiquiri procedentes del enclave naval para proteger propiedades estadounidenses.

Otros 2 750 fueron desplegados a lo largo de la línea férrea en el oriente de la Isla y las tropas imperiales ocuparon 26 poblados entre Guantánamo y Santiago de Cuba, además de las estaciones de trenes del este de Camagüey. Sin previo conocimiento de las autoridades cubanas, hubo desembarco de efectivos yanquis en Santiago de Cuba.

En 1917, cuando los liberales se levantaron contra la brava electoral de Mario García Menocal, volvió a ocurrir lo mismo. Fueron dislocados en Oriente y Camagüey unos 2 600 marines. Aunque la insurrección ya había sido neutralizada, se siguieron enviando más tropas: 500 soldados a Santiago; 250 a Camagüey.

La derogación de la Enmienda Platt en 1934 no implicó cambio alguno con respecto a la base naval. En el Tratado de Relaciones entre ambos países, suscrito el 29 de mayo de ese año, se especificó que en tanto las dos naciones “no se pongan de acuerdo para la modificación o abrogación del convenio (de 1903)… en cuanto al arrendamiento a los Estados Unidos de terrenos en Cuba para estaciones carboneras y navales, seguirán en vigor las estipulaciones de ese convenio en cuanto a la Estación naval de Guantánamo”.

El tratado, de acuerdo con su acápite introductorio, lo suscribían Washington y la Isla “animados por el deseo de fortalecer los lazos de amistad entre los dos países”.

Tiempo de revolución

Ya durante la lucha insurreccional contra la tiranía batistiana comenzaron a incumplirse varios puntos de los convenios suscritos. De la base naval partieron aviones para bombardear al Ejército Rebelde en la Sierra Maestra y asesinar a combatientes y la indefensa población civil de la región montañosa.

Las tensiones aumentaron. Ya no solo eran las declaraciones hostiles de altos oficiales de la marina yanqui, incluyendo al jefe de la base, las autoridades imperiales comenzaron a despedir trabajadores cubanos, ya fuera porque eran dirigentes sindicales o porque acudían a cursos en suelo cubano donde se impartía el marxismo. De las golpizas a obreros, como le sucedió a Manuel Prieto Gómez, pasaron al asesinato. El cadáver del chofer Rubén López Samariego apareció con evidentes huellas de tortura en una zanja, había sido detenido quince días antes por un capitán de marines, Arthur Jackson.

Simultáneamente, las autoridades yanquis del territorio ilegalmente ocupado colaboraban con el terrorismo. El 13 de marzo de 1961 una lancha artillada atacó una refinería de petróleo en Santiago de Cuba y tras su fechoría, se refugió en la base. Después de la derrota en Girón, la CIA organizó la llamada Operación Patty que incluía atentados contra Fidel y Raúl y el simulacro de una agresión al enclave naval que sirviera de pretexto para una invasión armada a Cuba. Para esta última acción se le entregaron ocho morteros a un grupo contrarrevolucionario. La Seguridad del Estado cubana detuvo a todos los implicados y la operación fracasó estrepitosamente.

Crecieron las tensiones. Ya eran usuales las ofensas de palabras de los marines, incluyendo groseros insultos contra Fidel y Raúl; los lanzamientos de piedras, petardos y botellas incendiarias contra las postas cubanas; los emplazamientos de ametralladoras y reflectores cerca del perímetro que delimita la base.

El 9 de junio de 1964 un disparo hiere en una pierna al soldado cubano José Ramírez. Dieciséis días después otro disparo hiere gravemente al guardafrontera Andrés Noel, a quien se logra salvar la vida. El 19 de julio cayó mortalmente herido otro combatiente, Ramón López Peña. Y el 21 de mayo de 1966, Luis Ramírez López.

La base hoy

El Gobierno de Cuba, que desde 1959 no ha cobrado ninguno de los cheques anuales por el concepto de arrendamiento, ha invocado en diversos foros internacionales la obsolescencia del convenio de 1903, ya que de acuerdo con el principio de “cambio fundamental de circunstancias”, recogido en la Convención de Viena sobre Derechos de Tratados, no se puede seguir aplicando el mismo acuerdo una vez que haya cambiado la situación en que aquel haya sido suscrito.

Aunque desde 1994 los niveles de tensión han disminuido, Estados Unidos sigue ocupando ilegalmente esa parte del territorio cubano, a pesar de que su propia Marina de Guerra propuso su desactivación en 1991, y lo ha destinado a campos de concentración, primero de refugiados haitianos y caribeños, y después de 2001 a prisioneros de la supuesta guerra contra el terrorismo.

Cuba no cejará, entretanto, de luchar civilizadamente, como han planteado Fidel y Raúl, por la devolución de esa parte del suelo cubano. Ahora, en el proceso que se lleva a cabo para la normalización de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, la devolución de la Base Naval de Guantánamo es, sin duda, una de las asignaturas pendientes.

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Fuentes consultadas

Los libros Un Maine detenido en el tiempo, de René González Barrios, y A escasos metros del enemigo, de Felipa Suárez y Pilar Quesada. Textos periodísticos escritos por el autor de este trabajo en el diario Granma.

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