Los psicólogos que idearon las técnicas de tortura utilizadas por la CIA en sus bases secretas

Una de las técnicas fomentadas por los psicólogos era el «waterboarding». Foto: Getty Images.

Cuando Jalid Sheij Mohammed, el pakistaní considerado autor intelectual de los ataques del 11-S, volvió a cruzar el martes los pasillos de la corte militar de Estados Unidos en la Base Naval de Guantánamo, se encontró por primera vez en muchos años con un viejo conocido.

Allí estaba también el psicólogo estadunidense James E. Mitchell, quien junto a su colega Bruce Jessen fue el responsable de idear —y en muchos casos, probar, implementar y evaluar— las técnicas de tortura que utilizó la CIA en sus bases secretas contra los detenidos tras el ataque a las Torres Gemelas de Nueva York.

Y quien, según admitió durante la audiencia, las supervisó y practicó a muchos de los detenidos, entre ellos el propio Mohammed.

“Fue muy chocante que la gente que él mismo torturó estuviera en esa sala y que (Mitchell) dijera delante de ellos que los volvería a torturar de nuevo”, le cuenta Julia Hall, experta de Amnistía Internacional que asiste a las audiencias en Guantánamo.

Hubo un cambio de roles: esta vez fueron los acusados los que escuchaban mientras el psicólogo respondía.

Por primera vez desde que comenzaron las audiencias en Guantánamo en 2002 —y por dos semanas—, Mitchell y su colega Jessen son cuestionados por los abogados de los detenidos sobre las técnicas que idearon en los primeros años de la llamada “guerra contra el terror”.

“James Mitchell entró y fue claro: dijo que no se arrepentía del programa o de la forma en la que estuvo involucrado. No se disculpó, no mostró ninguna forma de arrepentimiento y reconoció en la corte que él mismo había practicado waterboarding (un método que hacen sentir a la persona que se ahoga) y otras técnicas de abusos”, agrega.

Algunas organizaciones de derechos humanos esperan que los testimonios traigan luz sobre la escala del programa de tortura, así como sobre la culpabilidad de altos funcionarios o el papel del FBI, uno de los grandes secretos de estos años.

“Su testimonio puede revelar detalles adicionales sobre el programa de tortura de la CIA y, en mi opinión, cada pequeño paso adelante para comprender lo que sucedió es importante y necesario si alguna vez queremos lograr algún tipo de responsabilidad”, comenta Wells Dixon, abogado del Center for Constitutional Rights, una organización de defensa legal en la que se dedica a desafiar lo que considera detenciones ilegales en Guantánamo.

Pero los expertos también dudan de la legitimidad de estas audiencias o de sus posibles impactos, dado que se realizan en una corte militar que ha sido profundamente cuestionada en los últimos años.

“El objetivo de las comisiones militares nunca ha sido lograr el progreso, y ciertamente tampoco la justicia o la responsabilidad por actos terroristas como el 11 de septiembre. Más bien, el propósito ha sido y sigue siendo preservar el status quo, evitar la liberación de los exdetenidos de la CIA y encubrir los detalles de su tortura y, en última instancia, que la CIA evite la responsabilidad por la tortura”, indica Dixon.

En criterio del experto, el testimonio de Mitchell ahora es simplemente un recordatorio de cuánto tiempo ha llevado llegar a este punto en el que una de las principales personas responsables de tortura dsea a testificar en el tribunal de Guantánamo.

“También un recordatorio de cómo todavía no se ha tenido en cuenta lo que sucedió con las víctimas de tortura de la CIA. Todavía no ha habido ninguna responsabilidad significativa. Indudablemente, esta es la razón por la cual Mitchell se ofreció a testificar, porque aparentemente no tiene nada que temer y es una oportunidad para defender sus acciones que son, seamos honestos, completamente indefendibles por cualquier estándar legal o moral”, agrega.

La “guerra contra el terrorismo”

Khalid Sheikh Mohammad fue capturado por primera vez en Pakistán en 2003. Foto: Getty Images.

Los ataques de septiembre de 2001 llevaron a EE.UU. a la campaña más larga y costosa de su historia: la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Las operaciones internacionales, apoyadas por países aliados y la OTAN, conllevaron no solo a abrir frentes de batalla en varias naciones de Medio Oriente, sino también a una cacería de los principales líderes y miembros de lo que EE.UU. consideraba “organizaciones terroristas”.

Desde inicios de la década del 2000, las cabezas de supuestos miembros de Al Qaeda, el Talibán y otros grupos extremistas comenzaron a figurar en la lista de los más buscados del mundo.

Y en ella, los presuntos responsables detrás del 11-S ocuparon los primeros escaños.

Desde enero de 2002, comenzaron a llegar a Guantánamo los primeros presos y poco a poco la cárcel improvisada en una base militar en el oriente de la isla de Cuba se llenó con algunos de los hombres más peligrosos del mundo.

Pero no fue la única: Estados Unidos comenzó a crear centros de detención secretos en numerosos países del mundo, donde los prisioneros eran interrogados para obtener información sobre Al Qaeda y potenciales “ataques terroristas”.

“El informe de tortura del Senado muestra que la CIA estaba completamente mal equipada para detener e interrogar a los detenidos después del 11 de septiembre”, recuerda Dixon.

“La agencia estaba desesperada y agitada tras su fracaso para evitar los ataques (incluso por no alertar al FBI de que algunos de los secuestradores estaban en EE.UU. antes de los ataques) y, sospecho, la CIA querían venganza, por lo que recurrieron a Mitchell y Jessen, quienes ofrecieron soluciones rápidas y fáciles”, agrega.

Psicología del terror

 

La llamada «guerra contra el terrorismo» ha arrojado muchas sombras sobre los métodos utilizados por las autoridades para obtener confesiones. Foto: Getty Images

Según el abogado, fue entonces cuando los dos psicólogos que habían hecho carrera en las fuerzas armadas, comenzaron a colaborar con la Agencia Central de Inteligencia para diseñar “técnicas de interrogatorio severo”.

“Mitchell y su colega Jessen fueron psicólogos militares que la CIA contrató para interrogar a los detenidos después del 11 de septiembre, aparentemente para obtener información de inteligencia importante, que, como sabemos ahora, no pudieron obtener”, indica.

Ambos trabajaron como contratistas por meses para la agencia y establecieron una compañía privada en 2005 ( Mitchell Jessen y Asociados, con oficinas en el estado de Washington y Virginia) para proveer a la agencia con los métodos y los mecanismos para sacar información a los presos de la “guerra contra el terror”.

El programa se llamó, eufemísticamente, “interrogatorio mejorado”.

“Ese programa buscaba que los interrogados proveyeran información que la CIA consideraba valiosa de los detenidos a través de severas técnicas de tortura y fueron justificados con una serie de memos que aseguraban que los efectos serían mínimos o a corto plazo”, señala Hall.

Entre otras técnicas, además del ahogamiento simulado, los reos eran encerrarlos en pequeñas cajas, sometidos a condiciones de soledad extrema, privación del sueño, manipulación de la dieta, desnudez forzada o abuso rectal.

“Todas esas técnicas, desde un punto de vista legal, son consideradas sin lugar a duda formas tortura y el propio presidente Obama lo reconocería”, afirma Hall.

Según datos de una investigación del Senado, la CIA pagaba a Mitchell y Jessen US$1.800 por día y la compañía que crearon recibió US$80 millones por sus servicios hasta que se rescindió su contrato en 2009.

Esto ocurrió después de que la CIA ya había aceptado pagar un contrato de indemnización de US$5 millones que cubría, entre otras cosas, procesamientos criminales.

Según el contrato actual, la agencia está obligada a pagar gastos legales de la empresa hasta 2021.

Falta de capacidad

 

Los grupos defensores de derechos humanos han realizado innumerables protestas solicitando infructuosamente el cierre de Guantánamo. Foto: Getty Images

Según un informe del Senado, “ninguno de los dos psicólogos tenía experiencia dirigiendo interrogatorios, ni tampoco conocimiento específico sobre Al Qaeda, experiencia en la lucha contra el terrorismo o conocimientos culturales o lingüísticos relevantes”.
Aunque en un inicio sus nombres fueron mantenidos en secreto y aparecían en los informes con los pseudónimos de Dr. Grayson Swigert y Dr. Hammon Dunbar, desde que se conoció su identidad, muchas organizaciones han pedido que sean llamados a testificar sobre sus acciones.
La Asociación Estadounidense de Psicología los expulsó de sus filas y rechazó públicamente sus métodos por “violar la ética de la profesión y dejar una mancha en la disciplina”.
“Eran charlatanes, que cometieron actos atroces de crueldad y barbarie al amparo de una pseudociencia por la que el gobierno de Estados Unidos pagó US$80 millones”, indica Dixon.
Sin embargo, ambos psicólogos aseguran que actuaron por el bien de su país y que las técnicas que implementaron estaban diseñadas para reducir al máximo el sufrimiento de los reos, a la que vez que ayudarían a obtener información valiosa.
Un informe posterior del Senado, no obstante, mostró que existían dudas de que las técnicas empleadas hubieran servido realmente para obtener alguna información decisiva que contribuyera a la seguridad nacional de Estados Unidos.
“Una de las cosas que volvió a confirmar este caso es que la tortura no es solo inmoral e ilegal, sino también inefectiva”, señala Hall.
Tras el juicio en Guantánamo
Pese a las polémicas que la rodean, la prisión de Guantánamo sigue albergando prisioneros. Foto: Getty Images

Según los expertos consultados, los testimonios de Mitchell y Jessen pueden ser vistos como una de las señales de que el juicio contra los acusados de los atentados del 11-S nunca se realizará.

Las vistas están programadas para enero del próximo año, pero muchos dudan que Guantánamo esté preparado para entonces a nivel de infraestructura para acoger un evento de ese tipo.

“Indudablemente, esta es la razón por la cual Mitchell se ofreció a testificar, porque aparentemente no tiene nada que temer y es una oportunidad para defender sus acciones que son, seamos honestos, completamente indefendibles por cualquier estándar legal o moral”, opina Dixon.

Según el experto, parece muy probable que su testimonio tenga poco efecto práctico, tanto en términos de avanzar el caso del 11 de septiembre como de obtener responsabilidad de la CIA por la tortura de la CIA.

Sin embargo, cree que puede revelar detalles adicionales sobre el programa de tortura.

“Tomó muchos años responsabilizar a torturadores como Pinochet y otros por sus crímenes durante la Guerras Sucias en América Latina y en otros lugares. Tenemos un largo camino por recorrer en términos del programa de tortura de la CIA, pero estoy seguro de que llegaremos allí”, agrega

Hall también duda que los testimonios de Mitchell y Jessen vayan a aportar algún elemento decisivo en Guantánamo, pero cree que el hecho de que hayan sido llamados a testificar puede servir para recordar lo que sucedió en las cárceles secretas de EE.UU. y el impacto que tuvo en el resto del mundo.

“Lo que hicieron estos psicólogos significó una involución dramática en la lucha global contra la tortura, porque los métodos de interrogación que defendieron han tenido un efecto en todo el mundo”, señala.

“Y lo más chocante ha sido ver a Mitchell tan desafiante, diciendo que lo haría todo de nuevo”.

(Con información de BBC Mundo)

Eligen primera delegada directa al XI Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas

La primer teniente Yusleydis Caisé Cabrera, oficial de la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo, se convirtió este lunes en la primera delegada directa al 11no. Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), cuyas jornadas finales se celebrarán en abril próximo en La Habana

La primer teniente Yusleydis Caisé Cabrera, oficial de la Brigada de la Frontera, Orden Antonio Maceo, se convirtió este lunes en la primera delegada directa para representar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) al 11no. Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), cuyas jornadas finales se celebrarán en abril próximo en La Habana.
En un emotivo acto que tuvo lugar en esa insigne unidad de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, entregó a la joven la credencial que la acredita para la reunión más importante de la militancia juvenil, cónclave al que asistirán 700 delegados, de ellos más de 60 seleccionados por vía directa, y cien en calidad de invitados.

 

Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, entregó a la joven la credencial que la acredita para la reunión más importante de la militancia juvenil
Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC, entregó a la joven la credencial que la acredita para la reunión más importante de la militancia juvenil

“Esta magna cita servirá para demostrar al imperialismo, que pese las constantes presiones e intentos por subvertir la Revolución, en Cuba hay una juventud que es y será siempre continuidad, fiel a las ideas de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro”, significó la joven, a quien también se le otorgó la medalla 55 Aniversario de la fundación de la UJC en las FAR.

Al cierre del acto Susely Morfa, adelantó que entre enero y febrero de 2020 se realizarán las asambleas provinciales, que comienzan por Artemisa, y concluirán en La Habana y Camagüey durante el mes de marzo. A principios de abril se realizará el XI Congreso, con alrededor de 700 delegados y 100 invitados.

Anunció entre los temas a debate el uso de las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones; el aporte de los jóvenes a la economía, la ciencia, la innovación y la cultura; la atención a las organizaciones estudiantiles; el proceso de crecimiento al PCC; y la formación de valores, entre otras cuestiones que inquietan a los más 400 mil militantes de la UJC en el país.

Brigada de solidaridad visita Caimanera donde está enclavada la ilegal base naval estadounidense

Brigada de Solidaridad con Cuba Calixto García Iñiguez, integrada por 32 canadienses, visitó el municipio de Caimanera, donde está enclavada la ilegal base naval estadounidense de Guantánamo.
La brigada de Solidaridad con Cuba Calixto García Iñiguez, integrada por 32 canadienses, visitó h el municipio de Caimanera, donde está enclavada la ilegal base naval estadounidense de Guantánamo.

 

Los miembros del grupo solidario constataron de primera mano las restricciones que impone para la vida de los caimanerenses, la ocupación ilegal norteamericana, desde 1898, de una porción de 117,6 kilómetros cuadrados de suelo cubano.

A pocos metros del enclave castrense, los visitantes visualizaron el documental ‘Todo Guantánamo es nuestro’, del escritor, periodista y realizador audiovisual de origen colombiano Hernando Calvo Ospina, que muestra las experiencias personales de los pobladores de los consejos populares Caimanera y Boquerón, así como su determinación de continuar exigiendo la devolución de ese territorio.

En la ciudad de Guantánamo, la brigada departió con alumnos y profesores de la Escuela Especial 14 de Junio, centro escolar especializado en la formación educativa de niños con necesidades educativas especiales.

Posteriormentevisitó en la Loma del Chivo, un barrio exponente de las tradiciones culturales locales, el proyecto sociocultural Fénix, y la Casa del Changüí, donde se cultiva esta expresión músico-danzaría que está en la base rítmica del Son cubano.

La comitiva tiene previsto depositar este miercoles  una ofrenda floral ante el busto de Antonio Maceo, mayor general del Ejército Libertador cubano, reconocido por sus hazañas militares y su liderazgo en la guerra hispano-cubana, al conmemorarse, este 7 de diciembre, el día de los Mártires de Cuba.

También sostendrá un intercambio con el escritor e investigador José Sánchez Guerra, historiador de la Ciudad de Guantánamo.

Según informó a Prensa Latina Ana Teresa Nápoles, presidenta en Guantánamo del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP), esta es la segunda ocasión en que la agrupación solidaria canadiense visita el oriente del país.

Durante su estancia en la mayor de las Antillas esta previsto que el grupo amigo de la isla visite otros sitios de interés en provincias orientales, dijo Nápoles.

La Operación Patty de la CIA: a medio siglo de su derrota por Candela

RAÚL EN EL ACTO DEL 26 DE JULIO DE 1961 EN SANTIAGO.

MANUEL HEVIA FRASQUIERI DIRECTOR DEL CENTRO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS DE LA SEGURIDAD DEL ESTADO

Los hechos históricos que dieron lugar a la operación Patty, organizada por la CIA a mediados de 1961, cumplirán medio siglo en los próximos días. Aquel siniestro intento de asesinato marcó una etapa histórica en la guerra sucia declarada por el gobierno de EE.UU. para tratar de aniquilar de un solo golpe a la jefatura de la Revolución Cubana.

Ningún plan de asesinato contra Fidel o Raúl en aquellos primeros años, contó con tal grado de organización y aseguramiento en el que participaron directamente la CIA y el Servicio de Inteligencia Naval de la base yanki en Guantánamo. Los órganos de seguridad cubanos adicionarían al código «Patty», la palabra «Candela», como expresión de la respuesta revolucionaria contra aquellos grupos terroristas internos reclutados y dirigidos por esa Agencia.

La CIA preveía la realización de acciones terroristas independientes, principalmente en las ciudades de Santiago de Cuba y La Habana, y otras provincias donde tendrían lugar actos conmemorativos por el 26 de julio en 1961. El plan consistía en atentar contra el comandante Raúl Castro Ruz en el estadio de Santiago de Cuba y como segunda variante, en el caso de fracasar esto último, un nuevo intento criminal en la carretera que conduce al aeropuerto de esta ciudad. En la capital, un grupo terrorista ejecutaría otro intento contra la vida del Comandante en Jefe en el acto multitudinario en la Plaza de la Revolución.

Otros planes de asesinato contra nuestros dirigentes revolucionarios antecedieron a la operación Patty en aquellos primeros años. Según documentos oficiales del gobierno estadounidense, el 27 de julio de 1960 la CIA había indicado organizar el asesinato del comandante Raúl Castro Ruz, a través de un «accidente» que supuestamente podría llevar a cabo uno de sus «colaboradores». Hasta el momento, la CIA no ha revelado detalles del lugar, los autores o circunstancias en que se produciría aquel intento criminal.

Otros documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos años después, señalan que en agosto de 1960 los altos oficiales de la CIA, Richard Bissell y Edwards Sheffield, coordinaban los detalles de la utilización de figuras del hampa para asesinar al Comandante en jefe Fidel Castro Ruz. Desde los primeros meses de 1961, con el apoyo de la mafia y elementos terroristas dentro de Cuba, la CIA introdujo pastillas envenenadas para eliminar a Fidel, mientras se desataban nuevas acciones secretas para intentar descabezar a la jefatura de la Revolución antes de la invasión mercenaria de Playa Girón. Desde el 11 de diciembre de 1959, Allen Dulles, el entonces jefe de la CIA, había aprobado «[… ] que se le dé una abarcadora consideración a la eliminación de Fidel Castro [… ]».

Los funcionarios de la CIA interrogados en 1975 por el Comité Senatorial de la Comisión Church, sobre su participación en algunos intentos magnicidas revelados contra Fidel declararon que: «[… ] consideraban que asesinar era un modo de actuar permisible, por lo que declararon que creían que sus actividades habían sido completamente autorizadas [… ]»

Richard Bissell relata en sus memorias: «[… ] Sin duda, mientras avanzaba con mis planes para la Brigada —se refería a la Brigada mercenaria 2506— tenía la esperanza de que la mafia alcanzaría el éxito. Mi filosofía durante los últimos dos o tres años en la agencia era muy definida de que el fin justifica los medios y yo no iba a ser derrotado [… ]»

Richard Helms —director de la CIA entre 1966-1973— declaró en repetidas ocasiones: «(… ) que él creía que una autorización explícita era innecesaria para el asesinato de Castro a principios de los años 1960 […] Las acciones que estábamos tomando contra Cuba y contra el gobierno de Fidel Castro en Cuba, eran lo que se nos había pedido que hiciéramos […] En otras palabras: nos habían pedido eliminar a Castro y no había limitaciones en cuanto a los medios… «

William Harvey, jefe de la unidad ejecutiva de la CIA para asesinatos, ZR-Rifle, testificó: «[… ] creía que los atentados estaban completamente autorizados en todos los niveles apropiados dentro y fuera de la agencia […] Richard Bissell —Subdirector de Planes de la CIA— dijo que la actividad contra Castro fue autorizada desde el más alto nivel, y que los complots se discutieron con Richard Helms, su superior inmediato […]». «ZR Rifle» era una estructura muy secreta de la CIA organizada en 1960, bajo la aprobación del gobierno norteamericano para eliminar personalidades extranjeras «hostiles» a los Estados Unidos.

La convicción de que matar a un jefe de Estado se correspondía con la ética imperante dentro de la CIA se reflejó con fuerza en la propaganda subversiva que penetraba a la isla por diferentes canales, como la emisora subversiva Radio Swan.

Esta incitación criminal penetró también en el seno de las organizaciones terroristas, lo cual se convirtió desde el mismo año 1960 en un poderoso estímulo al intento de asesinato de los dirigentes de la Revolución, con el apoyo material de la CIA. No conocemos a ningún ciudadano residente en Estados Unidos que haya sido juzgado desde entonces en ese país por haber planeado o participado en el asesinato de un combatiente revolucionario cubano.

Por primera vez en la historia de la CIA, sus funcionarios se enfrentaron a comités congresionales en la década de los años 70. A pesar de ligerezas y justificaciones, las sesiones, comparecencias y documentos finales del Comité Church pusieron al descubierto la peligrosidad y el descontrol gubernamental sobre las acciones encubiertas de la CIA y dedicaron un análisis a los intentos de magnicidio contra líderes extranjeros, incluido el Presidente Fidel Castro. Lo reconocido por la Agencia entonces, constituyó solo la punta de un gigantesco iceberg de planes y agresiones criminales que se habían iniciado contra Cuba desde 1959.

El reporte provisional de la Comisión Church reveló los peligros de un pensamiento neofascista en las estructuras del gobierno y sus órganos de inteligencia y la impunidad y el poder desmedido de un aparato de muerte como la CIA, que continúa desde entonces su accionar por el mundo. Documentos actuales de la CIA soslayan esta conclusión e intentan argumentar que, a pesar de aquellos «errores», la Inteligencia había cumplido su cometido histórico.

La CIA no ha actuado nunca de forma independiente. Ayer como hoy, obedecía las órdenes de la administración de turno. El programa secreto contra Cuba del presidente D. Eisenhower, de marzo de 1960, expresaba claramente en sus Objetivos: «[… ] El propósito del programa aquí expuesto es provocar la sustitución del régimen de Castro por uno que responda mejor a los verdaderos intereses del pueblo cubano y sea más aceptable para Estados Unidos, de manera tal que se evite cualquier asomo de intervención estadounidense [… ]»

Cuba no era tan solo el blanco del poder neofascista norteamericano. En el mes de agosto de 1960 el gobierno estadounidense había dado los pasos preliminares para ordenar la muerte del líder africano Patricio Lumumba, exprimer ministro congolés, depuesto poco antes por un golpe militar, promovido por EE.UU. y sus aliados europeos. Aunque ya no detentaba el poder en su país, según documentos desclasificados, se le consideraba todavía como una amenaza para sus intereses y los de sus aliados en África. En el mes de septiembre de 1960, se «autorizó» el envío de veneno al Congo Belga y luz verde para el plan de asesinato.

Como parte de esta obsesión criminal, documentos cubanos desclasificados de aquella etapa detallan nuevas infiltraciones clandestinas por las costas desde principios de 1960, con el propósito de atentar contra la dirección revolucionaria en vísperas de Playa Girón.

DURANTE LAS SEMANAS PREVIAS A GIRÓN HUBO 21 INFILTRACIONES

 

El 27 de febrero de 1961, procedentes de Miami, se infiltraron por la zona de Santa Cruz del Norte en la provincia de La Habana, los agentes Willian Patten Tabares y Julio Orias Finalés, para organizar el intento de asesinato de Fidel. El agente de la CIA Rafael Díaz Hanscon planificaba hacer estallar una bomba el 27 de marzo en el salón de reuniones del Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda, en ocasión de la posible visita de Fidel. Hanscon, junto al traidor Humberto Sorí Marín, trabajaban por mandato de la CIA en el occidente de Cuba, para reorganizar otros grupos terroristas en un llamado «Frente de Unidad Revolucionaria» e intensificar el terrorismo urbano. El agente CIA Rogelio González Corso, cabecilla de la organización terrorista Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRP), organizó otro plan de asesinato que tendría lugar durante un acto de recordación frente al antiguo Palacio Presidencial, con motivo del aniversario de la huelga del 9 de abril, al que presuntamente debería asistir Fidel.

La CIA aceleraba al máximo otros planes desestabilizadores, en los que participó también Alberto Müller Quintana, infiltrado el 17 de abril, quien por instrucciones de la agencia planeaba realizar un supuesto alzamiento en las montañas de la Sierra Maestra, como parte de un acto de distracción del golpe principal que constituía la propia invasión mercenaria.

Un estudio realizado por el Centro de Investigaciones Históricas de la Seguridad del Estado precisa la ejecución de 21 infiltraciones clandestinas provenientes de territorio norteamericano entre enero y abril de 1961, dirigidas a abastecer a las bandas terroristas, organizar atentados y crear condiciones, en algunos casos, para una autoagresión desde el perímetro de la base naval norteamericana en Guantánamo, que «justificara» una pretendida invasión con la participación directa del ejército norteamericano.

Según sus propios documentos, la CIA se atribuyó en solo unos seis meses antes de Playa Girón, 110 atentados dinamiteros, la detonación de 200 bombas en ciudades, 950 incendios y 6 descarrilamientos de trenes. Con posterioridad se incrementaron las agresiones, que cobraban nuevas vidas inocentes entre nuestra población. Continuaban los ataques aéreos contra poblados y ciudades, bombardeos de zonas rurales con sustancias incendiarias, incendios de cañaverales provocados por bandas de alzados, sabotajes contra objetivos económicos y sociales, agresiones contra representaciones cubanas en el exterior, secuestros de aeronaves y embarcaciones, lanzamientos aéreos de armas y pertrechos para los grupos de bandidos que huían despavoridos por las montañas, diezmados por los ataques de las fuerzas armadas y la milicia revolucionaria.

PARTE DEL ARSENAL QUE SERÍA UTILIZADO EN EL ATENTADO

 

Desde el 3 de abril de 1961, el Departamento de Estado norteamericano había declarado en su llamado «Libro Blanco» una abierta guerra sucia contra nuestra nación, que al decir del comandante Ernesto Che Guevara, durante su intervención ante el Consejo Interamericano Económico y Social el 8 de agosto de 1961, declaraba: «[… ] se trataba de una verdadera obra maestra de beligerancia [… ] Se llamaba, en el «Libro Blanco», al pueblo de Cuba a la subversión y a la revolución contra el régimen de Castro [ … ]»

A pesar del descalabro sufrido en las arenas de Playa Girón, muchos en el gobierno de John F. Kennedy deseaban demostrar que aún podía resolverse la «situación cubana» y continuaban percibiendo como la única acción realista, el asesinato de los principales dirigentes de la Revolución y la invasión militar a la Isla.

El 22 de abril de 1961, el Presidente impartió las siguientes instrucciones a su principal asesor militar, el general Maxwell Taylor:

«[… ] Examinar de cerca todas nuestras prácticas, y programas en las áreas de las actividades militares y paramilitares, insurgencia y contrainsurgencia que no sean de guerra abierta. Pienso que necesitamos reforzar nuestro trabajo en este campo. En el transcurso de este estudio espero le preste especial atención a las lecciones que pueden aprenderse de los recientes acontecimientos en Cuba» [… ]

LA OPERACIÓN PATTY

La operación Patty se inscribe en la búsqueda de aquellos nuevos mecanismos de agresión, como parte de una guerra encubierta que se proyectaba ya no solo contra Cuba, sino también sobre América Latina. En aquel complejo panorama histórico, aquella operación era expresión del sentimiento de revancha de los enemigos de la Revolución Cubana.

El terrorismo continuaría con fuerza desde mediados de 1961. Estudios históricos y numerosos testimonios demuestran que entre 1960 y 1967 el pueblo cubano y sus órganos de seguridad frustraron más de un centenar de planes de asesinato de extrema peligrosidad contra Fidel y otros dirigentes de la Revolución. La base secreta de la CIA, JM Wave, instalada en Miami, recibiría a partir de ese periodo mayores recursos de guerra irregular. Las infiltraciones y ataques terroristas en nuestras costas se multiplicaron. Los grupos de bandidos en las montañas intentaron reorganizarse, recibiendo nuevos alijos de armas. Los estrategas de la CIA y del Pentágono prepararon con meticulosidad la nueva operación estratégica de liquidación conocida por la palabra clave «Mangosta», que el gobierno yanki aprobaría a finales de 1961.

En materia de terror, los años subsiguientes de aquella década fueron duros y sangrientos para nuestro pueblo. Eran los estertores de una fiera muy peligrosa.

Las operaciones subversivas más peligrosas del enemigo no son narradas fielmente por sus autores en sus memorias o en los libros de historia. Es necesario rebuscar testimonios documentales perdidos en el tiempo; encontrar viejos actores de aquel drama y unir las pequeñas piezas de este entramado histórico en la búsqueda de una visión más objetiva de lo ocurrido.

La operación Patty no era un proyecto descabellado.

El agente CIA Alfredo Izaguirre de la Riva fue explícito en sus declaraciones a las autoridades cubanas después de ser detenido. Si guardó para sí otros detalles sensibles que lo implicaran aún más en el proyecto magnicida no es posible saberlo.

A mediados del mes de mayo de 1961, Izaguirre de la Riva salía de La Habana con destino a la ciudad de Miami a conocer de primera mano las causas del fracaso de Girón, y en especial los nuevos planes contra Cuba.

Este personaje había sido director de un órgano de prensa y heredero de otros prósperos negocios en el país durante los años 50. En 1959 inicia sus contactos con Jack Stuart, empleado de la embajada de Estados Unidos en La Habana, actividad que mantuvo con otro funcionario nombrado Robert E. Wiecha, vicecónsul en la ciudad de Santiago de Cuba, quien lo recluta para la CIA.

Colaboró en disímiles tareas de inteligencia para los funcionarios de la Estación Local de la CIA en La Habana hasta enero de 1961, periodo en el que realizó varios viajes a Estados Unidos, donde recibió entrenamiento de inteligencia y terrorismo y recepcionó en una finca de su propiedad un lanzamiento aéreo de armas y explosivos enviado por la CIA para realizar sabotajes dentro del país.

Desarrolló también una activa labor como agente principal de la CIA entre las organizaciones terroristas que operaron en el país en los dos primeros años después de 1959, en los momentos que trabajaba para estructurar un posible frente interno en vísperas de la invasión mercenaria. Había escapado de las detenciones de la Seguridad del Estado, por lo que pocos días después, aprovechando sus documentos en regla, viajó a la Florida en mayo de 1961.

En Miami, según narraría posteriormente, encontró una desmoralización generalizada entre los grupos contrarrevolucionarios. «[… ] Todos maldecían a los hermanos Kennedy, mientras se lamentaban con amargura de la suerte corrida por la Brigada 2506».

Alfredo Izaguirre sostuvo estrechos contactos con algunos oficiales de caso de la CIA y de otros servicios especiales. Entre ellos mencionó a Frank Bender, Karl Hetch y Howard Hunt, estrechamente vinculados al terrorismo contra Cuba.

Según sus palabras, allí conoció por el oficial de la CIA Bill Williams —nombrado también como Howart Hunt— un nuevo «proyecto» de la CIA que esperaba por la aprobación de la jefatura en Langley, dirigido a ejecutar ataques piratas contra las costas cubanas, sembrar minas explosivas en sus principales bahías, y la continuación de los suministros de armas y explosivos a los grupos internos, para llegado el momento, producir alzamientos y otros actos subversivos.

De acuerdo con documentos cubanos, Izaguirre precisó «que aquel `proyecto¢ estaba eslabonado al informe que rindiese el Comité Investigador —Comisión Taylor— y la decisión que tomara el Ejecutivo…» En esos días, la Comisión Taylor trabajaba en la investigación de las causas sobre el fracaso de la invasión por Playa Girón y todo indica que decidieron aprovechar la presencia de aquel agente para entrevistarlo secretamente. En uno de aquellos contactos, según él, participó el general Maxwell Taylor.

Semanas después, al ser detenido en Cuba, Izaguirre ratificó a nuestras autoridades que en aquella reunión participaron también funcionarios de la CIA y de otras agencias, y los temas giraron alrededor de los grupos internos, los suministros de armas por aire y la promoción de un alzamiento general en la Isla. Aseguró que uno de los presentes les dijo «[… ] que nos quitáramos de la cabeza la idea de que iban a venir marines en ‘frío’ a resolver el problema, dependía de nosotros el crear un estado que propiciara cualquier tipo de ayuda [… ]» La tesis del «alzamiento general» persistía con fuerza dentro del gobierno norteamericano y constituiría meses después uno de los objetivos principales de la Operación Mangosta.

Por último, según Izaguirre «[… ] teníamos que proceder a mejorar las comunicaciones… era muy buena idea la de unificar todos los grupos de resistencia porque facilitaría mucho el trabajo, y me expresaron que estuviera seguro que la solución que se le daría al problema de Cuba sería la adecuada y que se haría todo lo que estuviera en sus manos para asegurarla [… ]».

Después de aquella reunión, De la Riva sostuvo nuevos contactos en los que precisó la envergadura del nuevo complot en que la agencia lo involucraba: durante la última conversación antes de regresar a Cuba, uno de los funcionarios que lo atendía le preguntó qué pasaría si el gobierno o «alguien» atacaba la Base de Guantánamo. Esta pretensión no era algo nuevo en el arsenal de agresiones contra Cuba. El 9 de marzo de 1960, el coronel J.C. King, jefe de la División para el Hemisferio Occidental de la CIA, había propuesto la presentación de un análisis donde se «probara» que los dirigentes cubanos «[… ] han estado promoviendo un ataque a la instalación de la Marina de Guerra de los Estados Unidos en Guantánamo [… ]».

PATTY FUE UNA OPERACIÓN DE MUCHA ENVERGADURA, PERO SE ENCONTRÓ CON «CANDELA»

Después de su regreso a Cuba, Izaguirre se reunió en horas de la tarde del 8 de junio de 1961 con un grupo de cabecillas terroristas, en el apartamento 16-B del edificio Focsa, en La Habana, para exponer el resultado de su visita a Estados Unidos y sus planes acerca de la nueva conspiración. Según documentos cubanos, Izaguirre expresó textualmente que para sus actividades contaba con el apoyo del general Maxwell Taylor «[… ] están llevando a cabo una gran operación con la que los norteamericanos van a liquidar definitivamente a la Revolución y al Primer Ministro Fidel Castro [… ]».

Discutieron sobre la necesidad de atentar contra las vidas de Fidel y Raúl y desatar una ola de actos terroristas capaz de provocar un alzamiento armado. Se acordó que algunos miembros planearían una maniobra de «autoagresión «a la Base Naval yanki en Guantánamo, como parte de una provocación que serviría como «pretexto» para una invasión armada de Estados Unidos a Cuba. Todas estas acciones debían coincidir con el 26 de julio de 1961.

La tesis de eliminar de un golpe a la jefatura de la Revolución no era nueva. El propio J. C. King, en su propuesta antes mencionada a principios del año 1960, había comentado: «[… ] a menos que se pudiera eliminar de una sola vez a Fidel y Raúl Castro y al Che Guevara —lo cual es muy poco probable— esta operación puede convertirse en lo de nunca acabar, y el actual gobierno solo será derrotado mediante el uso de la fuerza [… ]».

Desde su llegada a La Habana, Izaguirre desarrolló un intenso trabajo conspirativo en contacto permanente con la CIA, organizando los enlaces y el abastecimiento de armas, reestableciendo el contacto con otros agentes y cabecillas de organizaciones contrarrevolucionarias en distintas provincias del país.

En la provincia de Oriente revitalizaría los contactos con un grupo terrorista que mantenía un enlace directo con el Servicio de Inteligencia Naval de la Base en Guantánamo.

El también llamado «Plan de Acción Inmediata», documento ocupado a uno de los terroristas en la provincia de Oriente, puntualizaba un grupo de medidas para el atentado en Santiago de Cuba, que consistía en tomar posiciones desde una casa adyacente a la tribuna del acto en el estadio santiaguero, donde haría uso de la palabra el Comandante Raúl Castro Ruz, e instalar en la misma una ametralladora calibre 30, con dos hombres a su cargo, mientras otros cuatro, armados con granadas de mano, facilitarían la retirada. Otros seis hombres armados con subametralladoras M-3, se emboscarían en la carretera del aeropuerto en el caso que el primer atentado no surtiera efecto y el dirigente decidiera tomar un avión para partir hacia La Habana.

El plan debía ejecutarse a partir de las 10 de la mañana y se sincronizaría con un ataque con morteros a la refinería «Hermanos Díaz» en la propia ciudad de Santiago de Cuba. Los complotados habían estudiado cuidadosamente las instalaciones del estadio, las áreas adyacentes y la mencionada carretera, en particular, el tramo final al aeropuerto.

El plan incluía, presuntamente, la autoagresión a la Base Naval yanki, entre otros actos terroristas. Según documentos cubanos, se situarían en una finca llamada «El Cuero», limítrofe con la Base Naval no menos de cuatro morteros, que dispararían seis obuses cada uno. Otro mortero atacaría un emplazamiento de artillería que las Fuerzas Armadas Revolucionarias tenían en un lugar cercano. El propósito era que ambas instalaciones militares se creyesen agredidas y respondieran al fuego de los morteros, lo que provocaría un incidente que pudiese servir de pretexto al gobierno de los Estados Unidos para una intervención militar contra la Isla.

Las armas y explosivos a utilizar en la provincia de Oriente provenían en su mayoría de la Base Naval yanki, las que eran trasladadas clandestinamente al territorio cubano, en contubernio con la jefatura militar de ese enclave. Según agentes de la Seguridad cubana las armas eran enviadas por mar a un punto cercano por colaboradores al servicio de la base norteamericana, desde donde eran transportadas hasta la playa «El Uvero» y llevadas a lugares seguros cercanos a la ciudad de Guantánamo, utilizando camiones cargados de arena.

Estos trasiegos clandestinos de armas y explosivos se realizaban también a través de la cerca perimetral de la Base con nuestro territorio, en lugares de espesa vegetación y limitado tránsito de vehículos, mediante agentes y colaboradores del Servicio de Inteligencia Naval que participaban en todo tipo de acciones subversivas desde el propio enclave en coordinación con grupos contrarrevolucionarios internos en territorio cubano.

Estas labores de abastecimiento de armas y explosivos se llevaban a cabo independientemente del proyecto Patty. Aquellas acciones ilegales y violatorias del Derecho Internacional contribuían al sostenimiento de grupos y bandas de alzados, como parte de una conjura permanente.

Uno de los principales cabecillas de aquel complot de julio de 1961 se nombraba José Amparo Rosabal, alias el «Zorro». Este terrorista se escondía en la Base Naval de Guantánamo desde la fracasada invasión de Playa Girón, y desde allí se infiltraba sistemáticamente al territorio cubano para realizar actos terroristas y otras actividades conspirativas. Según documentos cubanos, Rosabal mantenía contacto directo con el jefe de la Base, almirante O¢ Donell y sus ayudantes, recibiendo orientaciones y suministros de guerra. Estos oficiales facilitaron también armamentos para las acciones planeadas en esa provincia el 26 de julio de 1961.

Según distintas fuentes consultadas, los miembros de un grupo terrorista en La Habana pretendían utilizar un mortero de 82 milímetros desde una vivienda situada en las inmediaciones de la Plaza de la Revolución, para disparar contra la tribuna donde se encontraría Fidel, una vez iniciado el acto.

Ese día, otros grupos terroristas en las provincias de Camagüey y Las Villas, habían planeado realizar otros atentados y acciones terroristas contra instalaciones de servicios públicos y vías de comunicación.

Pero una vez más fue subestimada la capacidad de los órganos de la Seguridad cubana y el apoyo del pueblo a sus misiones. Tras una minuciosa operación de contrainteligencia que se llamó «Candela», se logró la infiltración de estos grupos y el control de las actividades enemigas.

El 22 de julio de 1961, fueron detenidos los principales complotados en todo el país, incluyendo a Alfredo Izaguirre de la Riva, ocupando abundantes armas y pertrechos bélicos de la operación. Posteriormente, el gobierno revolucionario denunció públicamente la nueva conspiración.

Tan solo en Santiago de Cuba y Guantánamo, entre los armamentos ocupados, se encontraban dos cañones de 57 mm, cuatro bazookas, un mortero de 60 mm, dos ametralladoras calibre 30.06, más de 90 fusiles y subametralladoras, decenas de granadas, cajas conteniendo gelatina de demolición, minas, centenares de cartuchos de TNT, miles de proyectiles y otros materiales bélicos, todos de fabricación norteamericana.

El comandante Ernesto Che Guevara, en su memorable discurso antes mencionado, en agosto de 1961, describió aquellos hechos ocurridos en la provincia de Oriente: «[… ] El día 26 de julio de este año, grupos de contrarrevolucionarios armados en la Base Naval de Guantánamo esperaban al Comandante Raúl Castro en dos lugares estratégicos, para asesinarlo [… ] El plan era inteligente y macabro [… ] Y pocas horas después, señores delegados, morteros norteamericanos, desde territorio cubano, empezarían a disparar sobre la Base de Guantánamo. El mundo entero, explicaría claramente la cosa, los cubanos, exasperados, porque en sus rencillas particulares, uno de esos ‘comunistas’ que existen allí fue asesinado, empezaban a atacar la Base naval de Guantánamo, y los pobres Estados Unidos no tendrían otra cosa que hacer que defenderse [… ] Ese era el plan, que nuestras fuerzas de seguridad, bastante más efectivas de lo que pudiera suponerse, descubrieron hace unos días».

Aquellos acontecimientos que hoy cumplen medio siglo guardan una estrecha relación con el accionar terrorista impune que Estados Unidos y sus aliados promueven actualmente contra países, personalidades y dirigentes de otros estados a través de modernos medios de guerra sofisticados y letales, aunque el pretexto no es ya el peligro comunista, sino la pretendida guerra contra el terrorismo o la supuesta salvaguarda de los derechos humanos.

Devolución de la Base Naval de Guantánamo, un derecho de Cuba

La exigencia de la devolución  de la Base Naval de Guantánamo (BNG) es un principio inviolable de Cuba,  que junto a la batalla por poner fin al bloqueo ahora cobra mayor fuerza en el empeño porque se normalicen las relaciones con  Estados Unidos.

El mundo ha sido testigo de cómo a lo largo de la última década desde ese territorio, ocupado en contra de la voluntad del gobierno y pueblo cubanos,  aumentaron las acciones violatorias que lesionan aspectos elementales de las resoluciones de La Haya.

Denigrantes torturas,  permanencia de detenidos sin sanción judicial,  y la conversión del propio enclave en campo de concentración al más vulgar estilo nazi, violan el Derecho Internacional y abren los caminos hacia una salida legal al intríngulis de lo pactado a principios del pasado siglo.

Un gobierno cubano naciente en medio de la ocupación militar norteamericana, y bajo la imposición de la Enmienda Platt -apéndice de la Constitución-, como un requisito básico para retirar las tropas invasoras, “otorgó” a EE.UU.  la BNG.

Hoy el pueblo cubano y su comunidad  jurídica coinciden en la necesidad de poner fin a tamaña afrenta, sin embargo ¿hay algún mecanismo legal para revertir el engendro?

Según los juristas Alexander Martínez Castellanos y  Lilisbey Franqui Castellanos, en el Derecho Internacional existe  la cláusula rebus sic stantibus, referente  a un principio de Derecho, que permite modificarlo ante cualquier alteración sustancial del contrato inicial.

Esta cláusula refrenda la revisión de los contratos y prevé su caducidad cuando alguna de las partes comete acciones  gravosas que rompen el espíritu de lo pactado, aseguran los citados expertos, autores también del estudio Obama. Rebut sic satntibus,  la Base Naval de Guantánamo.

Sin embargo, más allá de la violación en sí de lo congeniado,  este territorio debe devolverse porque su ocupación  atenta contra la soberanía de la Isla.

Estados Unidos impuso el acuerdo de la BNG en un momento en que la mayor de Las Antillas  nacía como república, y la aplicación de la cláusula rebus sic stantibus restablecería “el equilibrio de las prestaciones originalmente acordadas cuando una alteración extraordinaria genera que su cumplimiento original sea injusto”, acotaron los autores del estudio.

A simple vista puede apreciarse que no existen razones ni jurídicas ni históricas que concedan a la Casa Blanca la jurisdicción de una porción de tierra cubana para convertirla en una afrenta genocida contra los pueblos del mundo.

Esas son las razones que asisten a Cuba para reclamar en cuantas tribunas sea posible la devolución de algo que es suyo.

(La Demajagua)